Hornos ladrilleros, empleo informal; viviendas precarias

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Diez horas trabajando sin parar y en su rostro corren gotas que se transforman en barro cuando tocan la arcilla seca que se le pega en la frente. Sus manos y su cintura se mueven sin descanso. Tiene que cortar más de 1.000 ladrillos para que la jornada rinda y el esfuerzo se traduzca en algo más de 400 pesos. Su esposa, parada a tres metros de altura, apila en una hornalla miles de piezas. Cuando terminen de quemarse, quedarán listas para la venta. Muchas veces hasta los chicos colaboran.(prohibido por la legislación argentina) Quien empuja una carretilla llena de barro? Tarea no fácil.-

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comentarios

1 COMENTARIO

  1. Siempre fue igual. Antes nuestros antepasados lo hacían ahora ya hace años que pocos vecinos van al horno, solo vienen a trabajar bolivianos en precarias condiciones. Nadie dice nada, nadie hace huelga y ningún político se fija y los defiende. Los dueños de hornos viven bien,algunos trabajan pero tienen camiones propios, Muy pocos hornos se ven con al menos un poco de sombra . Como verán siempre igual.

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