Desde la FAUBA, llaman a repensar la agricultura argentina

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Sebastián Senesi:

FAUBA-Senesi

señaló la necesidad de encontrar estrategias adecuadas para generar un sistema productivo sustentable.

A casi 20 años de la llegada de la soja transgénica a la agricultura argentina, acompañada por el glifosato y la siembra directa, referentes de los sectores productivos y académicos se plantean cómo encontrar respuestas a nuevos desafíos económicos y productivos. Desde la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), destacan los contratos de arrendamiento y las malezas resistentes a herbicidas como aspectos relevantes que demandan soluciones.

«Hoy estamos en un momento de repensar la agricultura argentina. Tenemos que interpretar claramente cuál es la oferta ambiental y social de nuestras regiones productivas y, con ese conocimiento, encontrar una estrategia adecuada que nos permita generar un sistema sustentable», afirmó Sebastián Senesi, director de la Maestría en Agronegocios y codirector del Programa de Agronegocios y Alimentos de la FAUBA.

Senesi participó recientemente del XXII Congreso Anual de AAPRESID, celebrado en la ciudad de Rosario, donde llamó a profundizar el conocimiento disponible sobre los cultivos y el suelo, entre otros aspectos, para hacer frente a las nuevas problemáticas de la agricultura local. Allí, señaló la necesidad de «no simplificar el sistema productivo».

«Las soluciones a los nuevos problemas deberían encontrarse preservando los logros del actual modelo. Por ejemplo, la aparición y la expansión de malezas resistentes a herbicidas no debería propiciar el uso de la labranza convencional, porque generaría otros problemas, como la erosión del suelo. Tenemos que encontrar respuestas dentro del concepto de la siembra directa, investigando procesos biológicos que son complejos», dijo.

«Hay que seguir investigando por qué aparecieron las resistencias y evaluar alternativas para revertir la situación, con el uso de cultivos de cobertura o de invierno», explicó, y subrayó los beneficios de intensificar la rotación de cultivos con presencia de gramíneas y de hacer un manejo más eficiente del agua para aumentar la productividad y la sustentabilidad.

Alquileres en la mira
Los contratos de arrendamiento se plantean como un punto relevante a tener en cuenta, debido a que los acuerdos a sólo un año, que se multiplicaron en los últimas décadas, propician prácticas de manejo a corto plazo, tanto productivas como de negocios, que afectan al sistema. Al respecto, llamó a generar una «reingeniería en los modelos de alquileres con participación de los productores, los dueños de los campos y un Estado que controle y audite pero no manipule».

«Es importante poder volver a contratos de arrendamientos con un mínimo de tres años. De esta manera se cuidará el medio ambiente mediante rotaciones y se podrán negociar contratos maximizando el valor entre las partes», advirtió.

Además, destacó la necesidad de «pensar el sistema en términos holósticos», donde las estrategias productivas orientadas a aumentar el rendimiento de los cultivos, tengan en cuenta aspectos ambientales y sociales. «La interpretación de la oferta ambiental y social en el lugar donde se produce es clave para adaptar una estrategia sustentable de tecnología y de negocios», finalizó.

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